Eragon era ya todo un hombre. Era fuerte, valiente, decidido,... Y un héroe para todos por haber matado a Galbatorix. Ya hacía tiempo que éste había muerto y que los dragones ocuparon el mundo; había por todas partes. Eran mansos, pero feroces, y libres como el viento que les hací volar sin batir las grandes alas. Saphira se había ido: vivía en Helgrind, que era más grande y con más vegetación que antes, junto con la mayoría de dragones, y Helgrind pasó a llamarse Dragomontaña. Eragon vivía feliz en Narda con su mujer, Arya, y su hija, Saphira. Trabajaba de maestro en una escuela de magia. Nasuada seguía viviendo en Surda. Ya no existían los vardenos, y ella vivía feliz casada con Orrin, que dejó de ser rey. Los enanos se expandieron por la tierra, sobre todo por las montañas Beor y por Ellesmera comandados por Orik. Algunos elfos se trasladaron a la antigua Uru'Baen, que se pasó a llamar Insengard. Allí vivian felices y creaban pociones mágicas y papiros con escritos en el idioma antiguo. Murtagh trabajaba en la forja de Rhünon, la herrera elfa que creó Zar'roc y Brisingr, en Ellesmera. Los que huyeron de Carvahall ahora volvían comandados por Roran, Katrina, y su hijo, Sigurd. Todos vivían felices en un mundo sin reyes locos.
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